«Argo», el trepidante thriller sobre la crisis de los rehenes en Irán, se alzó con la mayor gloria de Hollywood
el domingo al ganar el Óscar a Mejor Película, una recompensa de la Academia tras desairar a su director, Ben Affleck, al negarle una nominación.
«Argo», que obtuvo además los premios Óscar a Mejor guión adaptado y a Mejor edición, narra la verdadera -aunque reinterpretada- historia de cómo la CIA, con la ayuda de Hollywood, rescató a seis diplomáticos estadounidenses ocultos en la casa del embajador de Canadá en Teherán durante la revolución iraní en 1979.
Su guionista, Chris Terrio, se inspiró en el artículo del agente de la CIA que lideró la operación y en un reportaje de la revista Wired, que fue el primer medio en revelar la historia, una vez que fue desclasificada por la agencia de inteligencia.
Dirigida y protagonizada por Ben Affleck y coproducida por George Clooney, la cinta ya se perfilaba como favorita tras llevarse a casa la mayoría de los premios de la temporada, entre ellos dos Globo de Oro, tres BAFTA y los galardones mayores de los sindicatos de actores, productores y directores.
No obstante Affleck, ganador del Óscar por el guión de «Good Will Hunting» (1997), no estaba nominado en el rubro Mejor director, algo que fue considerado por la crítica hollywoodense como un menosprecio al actor devenido en director.
El filme relata el complot de la CIA, por largo tiempo mantenido en secreto, para sacar de la República Islámica a seis diplomáticos haciéndolos pasar por cineastas de Hollywood que habían ido a Irán a buscar localizaciones para una película de ciencia ficción.
En la película, el embajador de Canadá en Teherán da refugio a los seis diplomáticos que consiguen escapar de una manifestación de estudiantes islamistas ante la embajada de Washington, tras la cual 50 estadounidenses fueron mantenidos como rehenes durante casi un año.
El agente de la CIA Tony Méndez, interpretado por Affleck, asume el papel de salvador al liderar el operativo de rescate y dirigir el proyecto de la película falsa de Hollywood. Ahora septuagenario, el verdadero Tony Méndez hace una breve aparición en la cinta.
Si bien George Clooney y el coproductor Grant Heslov imaginaban «Argo» como una comedia ligera, Affleck insistió en filmarla como un clásico thriller de los años 1970.
«Cuando vi el guión, no podía creer que fuera tan bueno», dijo Affleck en la presentación de la película en Beverly Hills el año pasado.
«Lo que me enganchó de inmediato era tener al mismo tiempo una película de suspenso y una suerte de sátira cómica de Hollywood, con una historia de espionaje de la CIA, y todo ello basado en hechos reales», añadió.
«Argo» logra mantener la coherencia de tono entre la descripción a grandes rasgos de la revolución iraní, la extrema tensión y el peligro de la misión, y la producción de deliciosas escenas de Hollywood, realizadas por los actores Alan Arkin y John Goodman.
Pero la cinta se toma grandes libertades al narrar los hechos. En una angustiante escena, por ejemplo, oficiales iraníes persiguen en la pista de despegue el avión en el que escapan los diplomáticos, algo que nunca sucedió.
Además, el papel que cumplió Canadá al dar refugio a los diplomáticos y asegurar su salida de Irán fue notoriamente minimizado en el filme, que da casi todo el crédito de la misión de rescate a Hollywood y el agente de la CIA.
En los hechos, los funcionarios fueron divididos en dos grupos: el primero se refugió en la residencia del embajador canadiense en Teherán, Ken Taylor, y el segundo con otro diplomático canadiense.
El exembajador Taylor, ahora de 77 años, ha dejado clara su visión sobre la precisión histórica de «Argo».
«La película es divertida, emocionante, pertinente», dijo al diario local Toronto Star poco después de su estreno. «Pero miren, Canadá no estuvo ahí sentada viendo lo que pasaba. La CIA fue su socio minoritario».
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