La Diosa de los ritmos latinos está de vuelta… »Además de mucha agua y pétalos de rosa, una botella de champagne, porque es de muy buen augurio», nunca le faltan en su camerino
Fotos: Cortesía/Carlos Márquez
La rubia platinada de metro 76 de estatura, catalogada además como la mujer más glamorosa del merengue está de regreso a los escenarios. Liz hizo su reaparición con un excelente material discográfico que recoge lo mejor de su carrera musical. Este álbum “Lo mejor de Liz”, la mantiene de gira por Colombia, República Dominicana y Panamá
Esta semana vuelve a sonar el nombre de la merenguera más famosa, gracias al tema “No sé cómo pasó”, que se extrae de su nueva placa discográfica y que se mantiene en el primer lugar del Record Report, de las emisoras venezolanas. También en el país neogranadino los temas “El mal de amor se cura” y “Mi gloria es tu condena”, la catapulta en los primeros lugares de las emisoras del vecino país.
La semana pasada Liz junto a su equipo de trabajo protagonizó un extraordinario trabajo fotográfico bajo la lente del reconocido profesional Carlos Márquez, allí la cotizada intérprete hace gala de su estilizada figura y nos muestra una nueva faceta, cargada desde luego por su sensualidad, ternura y sobre todo belleza.
Luego de su ausencia –por motivos familiares- el público y sus seguidores a través de las redes sociales, le enviaron innumerables mensajes, pues le reclamaban su presencia en los escenarios. Por eso ella que es una mujer luchadora y de mucho temple, decidió hacer este disco para seguir enamorando a ese público, que según la propia Liz es su mejor fuente de vitalidad y creación.
Reina de los 90
Recordemos que en los años noventa, esta hermosa rubia entonaba temas muy sonados de la banda Los Melódicos como “Zúmbalo” y “Mi Corazón”, entre muchos otros, vive su momento estelar. Bien es sabido, por algunos, que su carrera como solista tiene un antes y un después del hit “A dormir juntitos”, compuesto por el dominicano Alejandro Martínez. La canción en cuestión, que interpretara esta diva merenguera junto al dominicano Eddy Herrera, pasó a convertirse en una suerte de himno de reconciliación para quienes estaban divorciados y decidieron reencontrarse sentimentalmente a través de la pachanga.
Con buena intuición
Ella es una estrella no se duerme en sus laureles por eso en el 2000 lanzó al mercado Intuición, su tercera producción en solitario después de Corazón Vacante y Aquí Esperándote, de 2005 -de donde se extrae A dormir juntitos-. Los temas de ese álbum sirvieron de marco para emprender en ese momento su gira promocional “El mal de amor se cura”, por toda Venezuela.
A la par diseñó un espectáculo “sin precedentes”. Complejas coreografías, cascadas de fuegos artificiales y hasta una orquesta sinfónica, que dejó a más de uno con la boca abierta, no sólo por su calidad interpretativa, sino porque mostró un exclusivo guardarropa, especialmente para ese tour. También logró su propio sello discográfico y hasta debutó en el diseño de modas de su propia línea de accesorios e indumentarias.
La mata del glamour
Quien la conoce, y la ha visto en escena, la asocia automáticamente con las picantes expresiones exclamativas y palabras, de vocales prolongadas, que toda intérprete del género en cuestión suele practicar en plena faena musical: “¡Ay!”, “¡Uy!”, “¡Sí!”, “¡Dí-me-looo!”. Toda una referencia si se trata de ajustados atuendos en escena: un repertorio de “shorcitos”, mayas y escotes que ponen nerviosa a la audiencia más soberbia. Pero eso sí confeccionada por sus diseñadores de cabecera: Roberto Cavalli, Gucci, Dolce&Gabanna, entre otros.
-¿Esclava de la moda?
-No diría eso. Pero me gusta verme bien, me compro mis ¡Hola!, para revisar las últimas tendencias. Hace poco estuve en una farmacia y una señora me detuvo y me dijo: ‘Me encantan los Dior que llevas puestos’. Me quedé loca. Los zapatos apenas se me veían y ella se percató de que eran de la casa Dior. ‘¡Qué vista!’, le dije. Y me respondió: ‘Apenas los vi, supe que eran auténticos.
-¿Cuántos cambios tienes en escena?
-Por lo menos cuatro. La gente siempre está a la expectativa de lo que voy a llevar puesto, sobre todo de mis botas y mis corsés, que son Roberto Cavalli. Como Madonna, creo en la variedad dentro del espectáculo”.
Sus raíces
Su padre, Román Freitez, formó parte de los Violines de Tintorero y su mamá, María Antonia de Freitez, siempre ha sido ama de casa. ”Cuando se casaron compraron un terrenito en Crucito, en San Felipe (Yaracuy). Tuvieron siete hembras y dos varones. Soy la menor de las chicas y la consentida”. Estudió desde primaria hasta tercer año de bachillerato en la Escuela Nacional Padre Delgado y el diversificado en la Unidad Educativa Rómulo Betancourt. Admite haber sido mala estudiante. Desde que tenía cinco años escapaba de las aulas para inscribirse en funciones de canto. Es la única en su familia que no toca un instrumento, aunque le hubiese gustado aprender piano y guitarra.
Ganó el Festival Nacional Folklórico Infantil Cantaclaro, la Voz Yaracuyana, el Festival Colegial y la Voz Liceísta de la región. “Siempre fui el primer chicharrón en las funciones. Los organizadores me decían: ¡otra vez tú! (risas). Quedaba mal cuando me escogían como reina porque prefería irme a los casting musicales. Me alcé en la Voz Yaracuyana con La tonada de Simón de Alí Primera. Reinaldo Armas era jurado y me felicitó. Fue emocionante”. Luego cantó en la orquesta La Inmensa hasta que el Maestro Renato Capriles le pidió que se uniera a Los Melódicos. Recibió la noticia el día de su cumpleaños. La voluptuosa muchacha de 15 años se adueñó de las fiestas del país en la década de los noventa con canciones como Bailando Lambada, Mi corazón, Sabrosita, Suavecito, entre otras.
Foto leyenda 1
Liz está de regreso por la puerta grande…
