Kiefer Sutherland ha pasado de ser un «chico malo» de Hollywood a un héroe de acción en la televisión.- Camaleónico, como en sus películas, Kiefer Sutherland ha pasado de ser un «chico malo»

de Hollywood a un héroe de acción en la televisión.

También es una estrella preocupada por la política y el medio ambiente, así como uno de los actores más reconocidos de la llamada Generación X.

Sin embargo, el mejor papel de su vida, sostiene, se encuentra alejado de los reflectores, justo en la intimidad de su hogar. Ahí trata de ser el mejor mentor para su única hija, Sarah Jude, quien a sus 25 años está determinada a hacer carrera en la actuación.

De esta forma, Kiefer William Frederick Dempsey George Rufus (su nombre completo) está reviviendo el ciclo que hace 30 años inició al lado de su padre, Donald Sutherland, y que gestó lo que se perfila como una dinastía cinematográfica.

«Mi hija trabaja en esto y lo mejor que puedo hacer por ella es guiarla», comparte el actor.

Particularmente, le ayuda a sobrellevar las frustraciones que implica buscar un lugar en la industria y que él experimentó por primera vez a los 15 años.

«Le conté, por ejemplo, que mi primer trabajo fue horrible: me quedé esperando a que pasaran por mí en la carretera y el coche nunca llegó. Cuando regresé a mi departamento, me enteré de que el proyecto se había cancelado y nadie me había avisado.

«Compartiéndole este tipo de experiencias puedo hacerla consciente de que debe seguir adelante sin importar lo que pase», asegura.

Al hablar de su hija, Kiefer se nota apacible, totalmente alejado de la imagen ruda de Jack Bauer en 24 y sin rastros del cinismo oscuro del vampiro David en Los Chicos Perdidos.

Su forma de ser y de hablar se asemeja más a la de uno de los tantos papeles que ha hecho su padre, Donald Sutherland, quien es su héroe de vida.

«De cierta manera, en mi juventud yo era como mi hija, y reaccionaba igual con mi papá y mi mamá cuando se oponían a que fuese actor.

«Todavía lo recuerdo: un amigo tenía todas las películas de mi papá en formato Beta y, como no me dejaban verlas en casa debido a que no eran apropiadas (por sus temáticas), no sabía nada de ellas. Así que en dos días vi casi toda su filmografía y me dejó sorprendido».

En esa sesión maratónica descubrió unas 20 cintas de su padre, entre ellas, Casanova (de Federico Fellini), Don’t Look Now, Klute, The Day of The Locust y 1900.

«En ese momento descubrí a uno de los actores más prolíficos de la historia. Las diferencias tan extremas entre los personajes que interpretaba me dejaron impresionado», admite con evidente emoción. «Desde entonces, supe que era el tipo de actor en el que yo quería convertirme».

Y esa ha sido la bandera de Kiefer: crear personajes entrañables para el público, desde el drama infantil de Cuenta Conmigo hasta la oscuridad de Ciudad en Tinieblas, pasando por la conectividad espiritual de su nuevo show televisivo, Touch.

«Todo ha sido un ciclo para mí y ahora entiendo esa parte de mi vida. Cuando mi hija comenzó a actuar, tuve que aceptarlo, aunque no me sentí tan contento. Me decepcioné un poco porque ella es muy inteligente, la mejor estudiante de su escuela, y de verdad podría haber sido una gran doctora… Pero lo acepté».

En ese momento de duda y cierta frustración, la sabiduría del patriarca Sutherland entró en escena.

«Un día estaba con mi papá y él había visto actuar a mi hija. Me dijo: ‘¡Dios mío, es genial! Pero, ¿no quisiste detenerla en algún momento?’. Yo le dije que no, que era algo que ella amaba y que, además, era muy buena. No podía negárselo.

«En ese momento, mi papá me miró y me respondió: ‘Te entiendo. Yo tampoco pude detenerte'».

 

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