En virtud de las reiteradas declaraciones de la señora Ámbar Urdaneta, en contra de mi persona, me veo en la obligación

de enviar una necesaria aclaratoria a los distintos medios de comunicación social. La “señora” en cuestión me acusa de un supuesto “plagio”, del cual fue objeto su finado padre, Oscar Urdaneta.

Por definición, plagio es “copiar o imitar voluntariamente una obra ajena, especialmente literaria o artística” y, según el Diccionario de la Real Academia Española, “copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias”.

Quiero aclarar aquí que, cuando comencé mi proyecto, le comuniqué al señor Urdaneta, quien era mi amigo, que tenía en mente una historia, que me parecía interesante y que quería transformar en una telenovela. En ese momento, Oscar vivía en el estado Bolívar. Cuando llega a Caracas, le expongo mi idea y lo contrato para trabajar conmigo como colaborador en el desarrollo de mi relato que, posteriormente, se convertiría en la telenovela “GUERRERAS Y CENTAUROS”.

Queda aclarado aquí que, si la idea es originalmente mía, es imposible plagiarme a mí mismo. Por otra parte, la elaboración de una telenovela es un trabajo de equipo, donde participan muchos compañeros escritores, que aportan sus ideas y profesionalismo, para construir la mejor obra posible. Lamentablemente, Oscar enfermó y no pudo seguir acompañándonos. Por supuesto, continuamos con nuestro trabajo, apoyándonos en el talento de otros amigos dramaturgos.

En “GUERRERAS Y CENTAUROS” trabajaron conocidos escritores de televisión, de la talla de Carmelo Castro, Abigail Trouchess, José Luis Contreras y otros como dialoguistas, que lograron articular magistralmente las diversas tramas de la telenovela. Oscar se retira de nuestro equipo, mucho antes de fallecer, debido a su enfermedad. A la novela le faltaba mucho para concluir; de hecho, mucho de lo escrito previamente, tuvo que ser reestructurado. Esto ocurre frecuentemente en la industria y, todos los que hemos trabajado en telenovelas, lo sabemos. Esto, por supuesto, lo ignora mi detractora, por lo que resulta un exabrupto y una falta de respeto a los otros escritores decir que la obra fue escrita por Oscar Urdaneta y nuestro equipo la copió.

Esto contradice lo expuesto por la “señora”, quien afirma que, luego de su muerte, el proyecto lo “reactivé”. Yo he trabajado en este programa sin descanso, desde hace mucho tiempo, mucho antes de que Oscar comenzara su colaboración conmigo. Es un sueño largamente contemplado, que muchos amigos tildaban como una locura irrealizable y que, afortunadamente, pude culminar.

La mencionada “señora” comete la desfachatez de expresar, sin ningún tipo de pudor, que nuestro trabajo es una “autobiografía” de su familia. Confieso aquí mi desatino al ignorar la “gloriosa” ascendencia de mi acusadora, ya que no sabía que era descendiente directa de la noble estirpe de los próceres que nos dieron la independencia. Oscar nunca me dijo que procedía de tan noble cuna y que el nombre de su ilustre familia debía estar al lado de egregios personajes, como Simón Bolívar y José Antonio Páez.

La “señora” también afirma que ha emprendido una acción legal en mi contra, señalando y acusando a distintos entes públicos, tales como la Fiscalía, el CICPC, Conatel, Asamblea Nacional, SAPI, de corrupción y negligencia, por no atender diligentemente semejante insensatez. No creo que algún organismo del Estado tome en cuenta a un personaje que acuda a sus oficinas sin pruebas de ningún tipo, aduciendo solamente que es descendiente de los “próceres de la patria”, pruebas y testigos que yo sí tengo y que puedo presentar, de ser necesario.

Quiero señalar aquí también que no quería entablar una controversia pública con la mencionada “señora” por mi amistad y respeto a su padre, pero sus constantes ofensas y ataques hacia mi persona, exponiéndome al escarnio público, hacen necesaria esta respuesta.

Esta “señora”, está en la búsqueda de un protagonismo que no merece, aunque se diga descendiente de Simón Bolívar, y un beneficio económico que no estoy dispuesto a conceder. Esto es un trabajo realizado con mucho esfuerzo, con una gran inversión de tiempo y talento, para que una arribista, que pretende vivir del honor y la memoria de su padre, venga a llenar de infamias y maledicencias nuestra obra.

Por último, quiero señalar aquí, que no daré más declaraciones al respecto, y que la próxima vez que aparezca otra noticia difamatoria en mi contra, procederé a hacer respetar mis derechos legalmente y a demandar por difamación e injuria a la “señora”, objeto de esta aclaratoria.

Henry Galué